Vía ferrata | Cast Urquiza Olmo

Comentario escrito por   Jorge » hace 4 años

Cuando estaba en mitad del tramo de la Bandera me di cuenta de mi error, mejor dicho, de la imprudente conjunción de tres errores.
Primer error: haber hecho la Cágate Lorito de subida y de bajada el día anterior, y no tomarme el día siguiente de descanso (mirando cómo crece la hierba o leyendo el último libro de Belén Esteban, por ejemplo).
Segundo error: haber hecho la integral de la Urquiza-Olmo, más la bajada en destrepe, el mismo día que la Cast-Urquiza-Olmo por la cercanía y quizá también porque sus nombres terminan rimando.
Y last but not least: subir con la cuerda de 50 metros en la mochila. "¿Por qué?", os preguntaréis los más escépticos de vosotros, amigos lectores, "¿si ya habías hecho esta bella a la par que exigente ferrata dos veces?". "¿Se debió a que has firmado un contrato con una prestigiosa marca de cuerdas de escalada?" Bien, el vil metal no tuvo nada que ver. Y sí, es cierto que soy un poco masoquista, pero no tanto como para subir la Cast con una cuerda de 50 metros a la espalda solo por el gusto de sentir con más intensidad el tirón de la fuerza de gravedad. No tengo el espíritu inquisitivo de un Isaac Newton. Lo cierto es que la cuerda no era para mí, pero el filtro inicial de los péndulos fue lo suficientemente disuasorio como para que mi bella acompañante me dijera "Good bye". ¿Qué iba a hacer? ¿Tirar la mochila con la cuerda? ¡Qué fáciles se ven las cosas a posteriori! Pensé que sería pan comido para mí. Coser y cantar. Miel sobre hojuelas. Por supuesto, la cagué.
Al comenzar el tramo de la Bandera tuve sentimientos encontrados: por una parte me maldije a mí mismo por lo estúpido que había sido. Por otra, me felicitaba por haber comprado un mosquetón lo suficientemente grande como para usarlo en las grapas de plástico de la Feliz Navidad (algún día) y sí, por suerte, también funcionaba con las argollas navales del tramo de la Bandera.
Marcel, tienes que probar el tramo de la Bandera y el desplome posterior con cansancio acumulado y una cuerda de 50 metros (o en su defecto unas pesas) en la mochila. No hay color. Es mucho más emocionante. Yo le pondría un k7. Y no es que las enormes grapas estuvieran alejadas entre sí, es que parecía que se alejaban de mí como si tuvieran vida propia y quisieran tomarme el pelo.
Terminé ileso, sí, pero tan exhausto que el aparcamiento de la Pertusa parecía un espejismo. Y bebí y bebí al llegar al coche, como si no hubiera un mañana, con la ansiedad del beduino perdido durante días en el desierto hundiendo la cabeza en la charca de un oasis recién hallado.
De nuevo, mis felicitaciones a los muchachos de JOM. Una maravilla de ferrata.

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